Thursday, August 19, 2010

La Magia del Tabaco Cubano By Dr: Jose Manuel Perez Cabrera



LA MAGIA DEL TABACO HABANO

Por el Dr. Jose Manuel Perez Cabrera
un cubano en Brazil


Rio de Janeiro y sus pintorescos alre-
dedores ofrecen al viajero la maravi-
lla de sus paisajes naturales y la expre-
sion de una pujante nacionalidad que
ha sabido crear, bajo el ardiene sol de
los tropicos , una de las ciudades mas
importantes de la tierra. Desde la cima
del Pan de Azucar , centinela de la am-
plisima bahia, o desde la cuspide del
Corcovado , donde una imagen colo-
sal del Cristo Redentor abre sus bra-
zos acogedores sobre la ciudad , la
tierra carioca brinda al sorprendido vi-
sitante la belleza magnifica de sus pla-
yas y sus morros, sus lagunas y sus
isletas, sus modernos edificios y sus
clubes de recreo, sus amplias avenidas
y sus parques , sus barrios antiguos ,
en fin , evocadores de los dias y de las
glorias del Imperio....Una abigarrada mu-
chedumbre, que se agita , geticula y ha-
bla en alta voz, ocupa las aceras y col-
ma los vestibulos de los teatros y de los
cinematografos. Omnibus modernos , ve-
hiculos menores que hacen lotagao ( nues-
tros boteros ); viejos , pero pintorescos
tranvias electricos , que alli llaman bondes,
y cientos , miles de automoviles particula-
res, circulan , en teoria interminable, por
las calles y paseos de la ciudad. De no-
che, la Praga Paris , con sus juegos de
agua y su profusa y artistica iluminacion ,
pone , en lo mas centrico de la ciudad , jun-
to a la bahia, una nota de distincion y de
buen gusto inconfundibles.
Para el viajero cubano, Rio de Janeiro tuvo
ademas una gratisima e inolvidable sorpre-
sa. Un personaje singular y cuiriosisimo ,
mezcla de empleado oficioso y servicial y
de hombres de letras, habil y entendido po-
ligloto tambien : Stanislas, llamemosle asi,
el popular porterio de noche de uno de los
mas modernos y confortables hoteles de
Rio.
Venido a los caminos del mundo en una
antigua y prestigiosa ciudad de la desventu-
rada Polonia , la voragine de la guerra le tra-
jo un dia a las playas hospitalarias de Ame-
rica, al Brasil " pais de futuro", y alli se ha
quedado, con su inagotable informacion so-
bre los mas variados asuntos ; con su impe-
nitente curiosidad que le lleva a someter a
huspedes y conocidos a los mas severos y
minuciosos interrogatorios ; con sus genero-
so afan de ser util a todo el mundo; con su
entusiasmo contagioso por Cuba , por sus
hombres y por los incomparables tabacos
habanos. Porque para Stanislas, cuyas plan-
tas fatigadas han hollado tantos y tan diver-
sos senderos de la tierra , nada hay ni puede
haber , comparable al placer de fumar, des-
pues de una copiosa y bien humedecida co-
mida , un buen tabaco habano. Conoce y ha
gustado todas las marcas y las mas extrava-
gantes vitolas. Recita de corrido y sin una sola
omision los nombres de nuestros fabricantes
mas acreditados por el publico consumidor .
Y cuando alguien entre sus oyentes se permi-
te discrepar de sus opiniones tabacaleras,
Stanislas esgrime retador un supremo argumen-
to: ? ha probado acaso su contradictor, como lo
ha hecho el, todos los tabacos de la tierra bajo
todos los cielos del mundo ?

Casi todas las noches , ya a punto de recoger-
me, me detenia unos instantes en la tertulia de
Stanislas, donde nuevos y viejos huespedes y al-
gunos de sus camaradas del hotel, le oian con
admiracion y con gusto el relato de sus viajes y
de sus aventura. Y todas esas noches le someita
por espacio de unos minutos , nuevo Tantalo , al
duro suplicio de la contemplacion de uno de esos
maravillosos tabacos habanos que el tanto admi-
raba y codiciaba. En el bolsillo exterior de mi ame-
ricana, junto a la solapa donde campeaba, muy
cerca del corazon , la bandera de la patria, asoma-
ba siempre la dorada punta de un cigarro habano,
Stanislas, apenas me venia venir, me buscaba obse-
quiosos un asiento y permanecia de pie a mi lado ,
hablandome de mil cosas diferentes, pero dirigien-
do frecuentes y golosas miradas a mi tabaco haba-
no. Un dia, como yo distraido tomara el camino del
ascensor sin ofrecerle el puro acostumbrado, Sta-
nislas , perdida su habitual discrecion, me tomo
suavemente por el brazo para repetirme , en correc-
tisimo frances, las palabras con las cuales Sganarelle,
con una tabaquera en la mano , inicia la comedia de
Moliere, Don Juan o el convidado de piedra, y que yo
le habia recitado unos dias antes: " Digan lo que quie-
ra Aristoteles y toda la filosofia , no hay cosa alguna
que iguale al tabaco; en el cifran sus pasion las per-
sonas bien nacidas, y quien sin tabaco vive no mere-
ceria siquiera vivir. No solo despeja y alegra el cere-
bro humano, sino que ademas ilustra las almas en la
virtud , y por medio de su poder llegan los hombres
a ser gentes honorables. ? No advertis como, desde
que cualquiera se halla en posesion de un poco de
tabaco , lo ofrece con corteses modoa a cuantos le
rodean y lo presenta a diestro y a siniestro en todo
momento ? Ni aun aguarda a que se lo pidan m sino
que se anticipa a los deseos de los demas; tan cier-
to es que el tabaco inspira sentimientos caballerescos
y caritativos a cuantos lo usan...".
Tan oportuna como sagaz y erudita evocacion obtuvo,
como era logica , el premio que merecia y un fuerte
apreton de manos ademas, que el emocionado Stanis-
las - acaso un pobre profesor venido a menos , un
colega en desgracia - , tengo la seguriad que me agra-
decio tanto o quizas mas que el propio tabaco.

Una hora despues , comodamente instalado en su
amplia butaca de porteria, apagadas ya las luces del
lobby , Stanislas fumaba lenta , despaciosamente ,
su tabaco habano. Olvidado del duro trajin de cada
dia , quizas pensara - soñara mejor en los otrora
risueños campos de su patria esclavizada e infeliz .
El portero - poeta hallabase inmerso - con profunda
y golosa inmersion - en la magia incomparable del
tabaco habano.

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