Monday, August 16, 2010

El Legado de Juanito Bosco Agosto 16 2010


Juanito Bosco Italia en Cuba
Fundador de Los Salesianos
Nacimiento 16 de agosto de 1815
I Becchi (Reino de Piamonte)
Fallecimiento 31 de enero de 1888, 72 años
Valdocco - Turín
Venerado en Iglesia católica
Beatificación 2 de junio de 1929 por Pío XI
Canonización 1 de abril de 1934 por Pío XI
Festividad 31 de enero
Patronazgo Panamá, Basílica Don Bosco "Mayor Templo de veneración".Cine, magos e ilusionistas, escuelas de artesanos, imprenta y jóvenes
Juan Melchor Bosco Occhiena o Don Bosco (en italiano Giovanni Melchiorre Bosco Occhiena) (* I Becchi, 16 de agosto de 1815 - Turín, 31 de enero de 1888) fue un sacerdote católico, educador y escritor italiano del siglo XIX. Fundó la Congregación Salesiana, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la Asociación de Salesianos Cooperadores, el Boletín Salesiano y el Oratorio Salesiano. Promovió la Asociación de Exalumnos Salesianos, el desarrollo de un moderno sistema pedagógico conocido como Sistema Preventivo para la formación de los niños y jóvenes y promovió la construcción de obras educativas al servicio de la juventud más necesitada, especialmente en Europa y América Latina. Fue uno de los sacerdotes más cercanos al pontificado de Pío IX y al mismo tiempo logró mantener la unidad de la Iglesia durante los duros años de la consolidación del Estado Italiano y los enfrentamientos entre éste y el Papa que ocasionó la pérdida de los llamados Estados Pontificios y el nacimiento de la Reino de Italia 1870-1946. Fue autor de numerosas obras, todas dirigidas a la educación juvenil y a la defensa de la fe católica, lo que lo destaca como uno de los principales promotores de la imprenta de su siglo.1
Caracterizado por su especial preocupación hacia los jóvenes, le valieron el respeto de las autoridades civiles y religiosas de su tiempo y de su país, así como una notable fama en el extranjero. Sus obras fueron requeridas directamente por jefes de estado y autoridades eclesiásticas de países como Ecuador,2 España, Honduras, Francia, Inglaterra, Polonia, Palestina, Panamá,3 Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y Colombia4 entre muchas otras. Si bien no pudo responder positivamente a las numerosas peticiones durante su vida, estas serían cumplidas más allá de lo esperado después de su muerte. Fue un visionario de su tiempo al punto de predecir acontecimientos que se darían a lo largo del siglo XX en lo referente a sus salesianos, a la Iglesia Católica y al mundo en general. Juan Bosco, conocido mundialmente como Don Bosco, fue declarado Santo por el Papa Pío XI el 1 de abril de 1934, a tan sólo 46 años después de su muerte en 1888 y le fue dado el título de "Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes"5 por el Papa Juan Pablo II. Poblaciones, provincias, parques, calles, teatros, museos, universidades y sobre todo colegios llevan su nombre. La Familia Salesiana es uno de los grupos católicos más numerosos del mundo y existen obras de Don Bosco

Dos perlas salesianas
por Miguel Sabater

Sor Severina.

Sor Flaminia.


La Iglesia cubana y la congregación de Hermanas de María Auxiliadora
han perdido dos religiosas que ya eran legendarias:
sor Flaminia Lecchi y sor Severina Luque.
Sor Flaminia había nacido en octubre de 1908 en Bérgamo, en un pueblecito del norte de Italia. En 1926, con 18 años, comenzó a estudiar en un colegio salesiano. Cuatro años después, el 5 de agosto de 1930, profesó. Su única y larga misión la hizo en Cuba, a donde llegó en noviembre de aquel año con la hermana sor Cándida Picardi, en un barco nombrado Garibaldi .

Durante su largo servicio trabajó en el colegio salesiano Ana Betancourt de Camagüey, en el de María Auxiliadora de la Víbora y en la casa de las hermanas de su congregación en Guanabacoa.

En 1961, con la intervención de los colegios privados que estimuló la salida de religiosas y religiosos del país, sor Flaminia se refugió en la casa de las hermanas salesianas de Peñalver.

“Las cuatro hermanas que quedamos –contaría ella muchos años después– nos establecimos aquí en Peñalver, que fue el único rincón que nos dejaron a las salesianas. Sufrimos solo Dios sabe cuánto. Nos sentíamos muy solas, sin poder hacer nada, y orábamos y nos echábamos a llorar debajo de las matas de mango que todavía están en el patio de esta casa.”

En el 2003 el presidente de Italia, a través de la embajada de ese país en Cuba, la honró entregándole una medalla y un diploma por su ejemplar servicio en nuestro país.

Por aquellos días ya sor Flaminia tenía 95 años, y pasaba una parte de sus horas sentada a la puerta de la casa de su comunidad inspirada en sus labores de tejido o embelleciendo pequeñas estampas de la Virgen que solía regalar.


Allí la conocí en la primavera del año 2005, cuando la entrevisté para un reportaje sobre su congregación. Ya era entonces una mujer venerable ante cuya presencia se experimentaba el ser testigo de un sumo privilegio.

Falleció el 23 de diciembre del pasado año, en plena Navidad, a los 100 años de edad, como si Dios hubiera querido llevársela para que festejara con Él el Nacimiento de Jesús.

Se nos fueron dos
virtuosas salesianas.
¿Quién habría osado decirles
que no eran cubanas?
Lo dieron todo por Dios,
su Iglesia y nuestro pueblo.
Sor Severina Luque había nacido el 29 de enero de 1927 en Astudillo, Palencia. Siendo niña asistía a los oratorios festivos de los salesianos, pero su vocación religiosa y la decisión de ser salesiana, surgió cuando leía, de un modo casual, un libro sobre la vida de la beata María Mazarello, fundadora de su congregación.

En 1946, con 19 años, entró al noviciado de Hermanas de María Auxiliadora de Madrid. Llegó a Cuba en noviembre de 1950, y de inmediato se estableció en Guáimaro, donde estuvo 11 años dedicada a la enseñanza, hasta 1961 en que fueron intervenidos los colegios religiosos y tuvo que salir del país.


Con la permanente esperanza de regresar a Cuba, ofreció sus servicios en Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico, casi siempre vinculada a la enseñanza de niños y adolescentes como maestra y directora de colegios.

Regresó a Cuba el 14 de mayo de 1971.

“Llegué muy contenta, la verdad –me confesó evocando aquellos tiempos–, porque yo siempre he querido mucho a Cuba. Me gustaba ser maestra y vi que no podía ejercer el magisterio como antes. Pero se busca la compensación, y la logré dando catequesis. Es cierto que en Cuba perdimos todos los colegios, pero no los he echado de menos. No añoro lo que hemos dejado, porque teniendo trabajo para mí todo está bien. El asunto es anunciar el Reino, y eso, a pesar de las circunstancias, lo he podido hacer.”

Gran parte de los 37 años que viviría en Cuba después de su segunda y definitiva llegada, sor Severina continuó ejerciendo la enseñanza religiosa a niños y adolescentes, con los cuales se sentía infinitamente dichosa y realizada. Organizó convivencias con escasos recursos y realizó misiones en sitios lejanos y difíciles, para lo cual se trasladaba en medios de transporte a veces asombrosos para una mujer.

La conocí el 7 de junio del pasado año en la casa de las Hermanas de Peñalver, donde descansaba después de una infructuosa intervención quirúrgica que solo sirvió para avisar que sus días estaban contados.

Nos sentamos en el fresco portal de esa legendaria casa salesiana. Allí, de un modo desenfadado y sencillo, me contó de su vida y de la Iglesia en Cuba durante una hora.

Sor Severina creía entonces que regresaría a la casa de Manguitos, en Matanzas, para continuar ejerciendo sus servicios, pero sabíamos que eso no ocurriría.

Eran tremendos el amor, la fe, el deseo de vivir y de servir de aquella mujer, quien, entre tantos pasajes interesantes que nos dejó de su vida, destacó lo siguiente:

“En los campos, con vehículos y caminos malos, nadie sabe el trabajo que se pasa para realizar las misiones, pero hay que hacerlas y ofrecérselas a Dios por toda esa gente que nos necesita. La gente del campo también necesita ser escuchada. Pasan muchos trabajos. Pero solo escuchándolas ya se hace una gran cosa.

”Nuestra política es el Padre Nuestro. Gobierne quien gobierne, lo nuestro es Anunciar el Reino.

”Yo siempre digo que en Cuba llevo 58 años, aunque parte de ellos tuve que pasarlos fuera […]. El cubano es agradecido y cariñoso, es humano. Y tengo que decir que yo he estado en mucho sitios, pero donde mejor me he sentido y trabajado es en Cuba.

”Cuando voy a España mi familia quiere que me quede, pero yo siempre regreso. Aquí he ofrecido lo más importante de mi vida…”

Sor Severina murió el 6 de enero de este año, catorce días después de la muerte de sor Flaminia.

Se nos fueron dos virtuosas salesianas. ¿Quién habría osado decirles que no eran cubanas? Lo dieron todo por Dios, su Iglesia y nuestro pueblo. Las circunstancias, muchas veces adversas e incómodas en que trabajaron, hacen recordar los remotos días de penurias y sacrificios de aquellos primeros cristianos consagrados a construir la Iglesia y predicar el Evangelio.

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