Friday, February 5, 2010

Villa Marista octubre 1967




Conchita Bouza

Cuando sali de la prision de la Seguridad de Estado Cubana
( Villa Marista) una ansiedad incontenible me habia quitado
el sueño. No podia quitar de mi cabeza aquella anciana que
por casualidad habia visto en el cuarto contiguo , gracias a
un descuido de la carcelera. La vision de aquella anciana
no habia podido olvidarla porque a ella , le debia el no haber
atentado contra mi vida Aquella puerta abierta y la desolada
imagen de la anciana habian borrado el estado metal en que
me encontraba. Adquiri la libertad y con ella dies dias de
insomnio.....el recuerdo de las tres mujeres que habian
compartido conmigo la celda y el recuerdo de la anciana
solitaria mas la incertidumbre ......que destino tendrian ellas.
No recuerdo llego aquel libro coleccion Cocuyo a mi vida...
Albert Camus llegaba a mi vida para salverme a traves del
Extranjero.......El Extranjero me ayudo a comprender lo
absurdo que era el presente.......mi presente....senti un gran
alivio......mientras leia .....la tension fue desapareciendo ...
Logre dormir…….

Final del Extranjero Albert Camus
En cuanto salió, recuperé la calma. Me sentía agotado y me arrojé sobre el camastro. Creo que dormí porque me desperté con las estrellas sobre el rostro. Los ruidos del campo subían hasta mí. Olores a noche, a tierra y a sal me refrescaban las sienes. La maravillosa paz de este verano adormecido penetraba en mí como una marea. En ese momento y en el límite de la noche, aullaron las sirenas. Anunciaban partidas hacia un mundo que ahora me era para siempre indiferente. Por primera vez desde hacía mucho tiempo pensé en mamá. Me pareció que comprendía por qué, al final de su vida, había tenido un «novio», por qué había jugado a comenzar otra vez. Allá, allá también, en torno de ese asilo en el que las vidas se extinguían, la noche era como una tregua melancólica. Tan cerca de la muerte, mamá debía de sentirse allí liberada y pronta para revivir todo. Nadie, nadie tenía derecho de llorar por ella. Y yo también me sentía pronto a revivir todo. Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.

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